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Mi primer orgasmo había llegado a mi vida recién a mis 25 años y me invadía una mezcla de emociones muy distintas.

Por un lado, estaba feliz y aliviada, al fin lo había logrado, pero por otro, sentía mucha ansiedad por descubrir si iba a poder repetirse o si era cosa de una sola vez.

Mi mente amenazaba con sabotearme. Casi que tenía miedo de intentar masturbarme nuevamente, no conseguir acabar y frustrarme para siempre; pero así y todo, al día siguiente decidí probar por segunda vez. 

Me demoré un rato bastante largo en elegir un video que me gustara. Esta vez, quería encontrar uno con una pareja joven hombre-mujer. Un chico atlético que me resultara lo suficientemente atractivo como para querer estar con él y una chica de mi edad con la cual me pudiera identificar, que me hiciera acordar a mi misma aunque fuera tan solo un poquito. 

Tenía claro que no quería ver algo extremadamente explícito con una chica gimiendo a lo loco apenas la tocaran; sobre fingir yo podía dar cátedra. Más bien me interesaba encontrar un video más “suave”, que me diera la sensación de estar espiando a una pareja real.  

Seguía sintiéndome un poco tensa y enseguida me di cuenta de que tenía que encarar toda la situación de manera diferente para bajar un poco la presión. Recordé entonces que la sexóloga me había hablado en varias sesiones sobre la importancia de crear un ambiente relajante y asumir una actitud adecuada a la hora de experimentar.

Claramente yo no estaba cumpliendo esos parámetros en aquel momento. También había mencionado que prestara atención a mi respiración. Me había recomendado inhalar y exhalar en forma profunda, llevando el aire a la parte baja del vientre, tanto para relajarme como para ayudar a estimularme. 

La importancia de relajarse para alcanzar el orgasmo

Me pareció que lo mejor sería acostarme boca arriba, sacarme toda la ropa y quedarme desnuda en la cama por un rato para calmarme. Pausé momentáneamente el video, cerré los ojos y dediqué algunos minutos a concentrarme en respirar en forma abdominal y consciente, como me habían enseñado en las clases de yoga.

Con cada inspiración y exhalación, buscaba aflojar mi cuerpo un poco más y alejar de mi mente las preocupaciones que me acosaban. Pronto pude notar que me iba sintiendo más calma, así que volví a reproducir el video de la pareja y empecé a explorarme con las manos y recorrer todos los rincones de mi cuerpo con caricias suaves.   

El chico estaba desnudo y con el pene erecto, sentado en un sofá gris. La chica, que solamente vestía un corpiño de encaje blanco, estaba arrodillada con las piernas abiertas sobre la falda de él, montada sobre su verga. Encajaban perfecto uno con el otro, frente a frente, moviendo sus respectivas pelvis en forma coordinada y ondulante. Él la abrazaba con los bíceps más definidos y torneados que hubiera visto jamás. Yo deseaba que sus brazos me estuvieran rodeando a mí y me frotaba el clítoris y los labios de la vagina cada vez más intensamente. 

La chica seguía cabalgando a fondo el pene del chico y gemía con cada penetración. Él le marcaba el paso tomándola con sus manos de las caderas y moviéndola a su antojo. De a ratos, se besaban y después intensificaban la cabalgata. Él le estrujaba las tetas y yo apretaba y masajeaba las mías imaginando estar con él. Después le desprendió el corpiño, hundió su rostro entre los pechos de ella y comenzó a comerle los pezones. La chica agudizó sus gemidos y le devolvió una mirada de lujuria y éxtasis. Yo me calenté como nunca, cerré los ojos e imaginé al chico con sus labios y lengua chupando cada centímetro de mis tetas. Apretaba mis pezones y sentía que era él quien estaba mordiéndolos y haciéndome gozar. 

A la vez, seguía masajeando mi clítoris y, en algún momento que no registré cuando comenzó, empecé yo también a mover mi pelvis al mismo ritmo que la pareja, sin dejar de masturbarme. Me movía con ellos acompañando la cabalgata y sentía que yo también formaba parte de esa escena. Estaba tan mojada que mi mano se deslizaba por mi concha sin ningún esfuerzo y así, mirándolos fijamente, me les uní aún más con un gran gemido final cuando estallé en un dulce y ansiado orgasmo. 

Misión cumplida, lo había logrado nuevamente. ¡Muchas gracias, chicos del video!    

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